LOS
AMORES DE BOLIVAR
" Y si Ud. cree que yo después
de ser la querida de este general por siete años, y con la seguridad
de poseer su corazón prefiera ser la mujer del Padre, del Hijo, y del
Espíritu " Déjeme Ud. mi querido Inglés.
Hagamos una cosa; en el cielo nos volveremos a casar, " Basta de chanzas; formalmente
y sin reírme; con toda la seriedad, verdad y pureza de Bibliografía: Enciclopedia de
Venezuela.
Era Quiteña, tenía veinticinco años
y se llamaba Manuela Sáenz de Thorn, aunque a la historia ha pasado
sin este apellido de su marido y con el nombre en diminutivo como habitualmente
la llamaban. Manuelita. Hermosísima, sensual, inquieta, de ingenio
chispeante y pronto, tanto para la frase acogedora, como para la réplica
mordaz, ella
misma se jactaba de ser un formidable carácter, "amiga de mis
amigos y enemiga de mis
enemigos." Su talento natural, que por lo demás llegó a
cultivar con bastante esmero,
puede juzgarse por la siguiente carta en que rechazaba, años después,
una solicitud de su marido para que volviera a unirsele.; " No, no, no,
no más, hombre, por Dios. ¿ Por qué hacerme usted escribir
faltando a mi resoluciòn? Vamos. ¿ qué adelanta Usted
sino
hacerme pasar por el dolor de decir a Ud. mil veces no? Señor, Ud.
es excelente,
es imimitable, jamás diré otra cosa sino lo que es Ud; pero
mi amigo, dejar a Ud, por el general Bolívar es algo; dejar a otro
marido sin las cualidades de Ud. sería nada".
Santo o de la Santísima Trinidad? Si algo siento es que no haya sido
Ud, mejor para
haberlo dejado. Yo sé muy bien que nada puede unirme a él bajo
los auspicios de lo que
Ud. llama honor. ¿ Me cree Ud. menos honrada por ser él mi amante
y no mi marido?
¡Ah, yo no vivo de las preocupaciones sociales inventadas para atormentarse
mutuamente".
pero en la tierra, no. ¿ Crée Ud. malo ese convenio?. Entonces
diría yo que era Ud.
muy descontento. En la patria celestial pasaremos una vida angélica
y toda espiritual
( pues como hombre usted es pesado ). Allá todo será a la inglesa,
por que la vida
monótona está reservada a su nación ( en amores, digo,
pues en lo demás ¿ quiénes más hábiles
para el comercio y la marina?) El amor les acomoda sin placeres, la conversación
sin gracia y el caminado despacio, el saludar con reverencia, el levantarse
y sentarse con cuidado, la chanza sin risa, éstas son formalidades
divinas, pero yo, miserable mortal,
que me río de mi misma, de Ud. y de estas seriedades inglesas, etc.
¡ qué mal me iría
en el cielo!. Tan mal como si fuera a vivir a Inglaterra o Constantinopla,
pues los
ingleses me deben el concepto de tiranos con las mujeres, aunque Ud. no lo
fue conmigo,
pero si más celoso que un Portugués. Eso no lo quiero yo. ¿
No tengo buen gusto?"
una inglesa digo que no me juntaré más con Ud. Usted anglicano
y yo atea es el mas
fuerte impedimento religioso; el que estoy amando a otro es mayor y mas fuerte.
¿ No vé Ud. con qué formalidad pienso?
" Su invariable amiga, Manuela".