Biografías de nuestra historia.
El General José Antonio Páez.

(1790 - 1873 )
Prócer de la Independencia y primer
presidente de la República. Natural de El Sitio de Curpa ( Estado Portuguesa
). Al estallar el movimiento revolucionario de 1810, se encontraba Páez
sirviendo de caporal en la hacienda ganadera de don Manuel Antonio Pulido. Nombrado
éste, Gobernador de Barinas, incorporó al joven llanero a sus
huestes. Al triunfar Monteverde, en 1812, Páez permaneció con
su pequeña tropa en Canagua a las ordenes del realista Antonio Tizcar.
En 1813 se incorpora de nuevo al ejercito republicano, iniciando una carrera
de servicios militares a la Patria
que es sólo segunda del Libertador. Su conocimiento del llano, su recia
constitución física y sus años de duro trabajo como peón-ganadero,
le ayudarían enormemente a destacarse como jinete y como lancero. Demostraría
también un certero instinto de guerrillero, un valor rayando en lo mitológico
y una capacidad de mando que lo llevarían a escalar las mas altas cumbres
de la gloria y de la fama. Cayó prisionero de los realistas en 1814,
pero logró fugarse. Estuvo en la defensa de Barinas y acompañó
a Urdaneta en el éxodo a Nueva Granada. De aquí, paso a Casanare.
En 1815, es comandante, distinguiéndose en los combates de Arauca, Palmarito,
Mata de la Miel, y Paso del Frío. En 1816, se hizo nombrar general y
jefe de las tropas de Apure, en desconocimiento a la autoridad del General Francisco
de Paula Santander y del jefe de gobierno del doctor Fernando Serrano. Continuó
su brillante carrera de triunfos militares venciendo en El Yagual, San Antonio,
El Sitio, San Fernando de Apure y el Palital. En 1817 venció al grupo
realista La Torre en la celebrada acción de Caunitas, y en 1818 participó
junto al Libertador en la sorpresa de Calabozo y en el rechazo de El Sombrero,
tomando luego a San Fernando de Apure. En 1819 se inmortalizó en Las
Queseras del Medio en compañía de 150 héroes que ante los
ojos atónitos del propio Libertador, vencieron a 1000 soldados españoles
del aguerrido ejercito de Morillo. Bolívar le concedió el grado
de general en jefe por su notable actuación en la batalla de Carabobo.
De aquí, pasó a Valencia, culminando su grandiosa hoja de servicios
militares con la toma de la fortaleza de Puerto Cabello en 1823, el último
bastión realista que quedaba en Venezuela.
Desde 1824 empieza Páez a arriar la bandera separatista, dando comienzo
a los seis largos años de conflictos con el gobierno central en Bogotá,
con el resultado final de la definitiva separación de Venezuela de la
Gran Colombia, en 1830, el mismo año de la muerte de El Libertador. Electo
primer presidente de la República (1831-1835), le entregó el mando
al terminar su período constitucional al doctor José María
Vargas.
Apoyó a este ilustre hombre público cuando la llamada Revolución
Reformista trató de derrocarlo, ayudando a desbaratar este intento subversivo.
En 1836 el Congreso le honró con el título de Esclarecido Ciudadano,
recibiendo luego una espada de honor del propio cuerpo y otra regalada por el
Rey de Inglaterra, Guillermo IV. La relación de sobrenombres y honores
que recibió en vida, está en consonancia con su incomparable ejecutoria
como héroe epónimo y podría decirse que Venezuela, junto
a las hermanas repúblicas americanas, volcaron en él justamente
la deuda de su gratitud que se le debe a los hombres que forjan la libertad
de los pueblos. Los conflictos civiles que marcan siempre el nacimiento de una
nación, llevaron a Páez a ser, desafortunadamente caudillo de
partidos políticos y facciones oportunistas que creyeron que el bienestar
de la nación, descansaba sólo en sus manos. Así en 1837
salió el vencedor de Las Queseras del Medio al reducir el rebelde guerrillero
Farfán, a quien derrotó en San Juan de Payara.
En 1839 fue electo por segunda vez a la presidencia de la República,
terminando este mandato constitucional en 1843. Durante el mismo, auspició
la construcción de numerosos caminos públicos, distintas reformas
en la instrucción pública, el acuerdo de la división de
la Deuda pública y exterior de la fenecida Gran Colombia, la fundación
de la Colonia Tovar, el solemne traslado de los restos del Libertador, de Santa
Marta, Colombia a Caracas.
El establecimiento del Banco Nacional, la reducción de la deuda pública
y un gran incremento de la economía y otros lugares de beneficio colectivo.
Al concluir su período, entregó la presidencia al general Carlos
Soublette, retirándose temporalmente a la vida privada. Pero en 1846
la urgencia del momento político lo saca de su retiro y sale a combatir
a otro faccioso, el indio Rangel, jefe de los insurrectos, que bajo la bandera
del Partido Liberalista se habían alzado contra el gobierno del general
José Tadeo Monagas, a quién Páez había apoyado en
su aspiración a la presidencia.
Vencido y muerto Rangel en 1847 protestó Páez la agresión
de Monagas al Congreso al año siguiente. El gobierno lo declaró
fuera de la ley y Páez se alzó nuevamente en armas. Un antiguo
subordinado suyo, el general José Cornelio Muñoz, lo venció
en la acción de Los Araguatos, en el propio año de 1848. Se exiló
entonces en Colombia, invadiendo Venezuela por Coro en 1849. Fue nuevamente
derrotado en el sitio de Macapo por el general José Laurencio Silva,
y tuvo que soportar la humillación de verse conducido preso a Caracas
y luego encerrado en castillo San Antonio, en Cumaná. Salió poco
después desterrado del país radicándose en Estados Unidos,
donde se le rindieron numerosos homenajes. De aquí pasó a Europa
y Méjico, A la caída de Los Monagas en 1858, la Convención
de Valencia le levantó el destierro, regresando a Caracas en 1859, el
mismo año del inicio de la fratricida guerra federalista. Salió
momentáneamente del país, regresando a los pocos meses después
del sangriento encuentro entre los liberalistas y conservadores en las calles
de Caracas. El gobierno del presidente conservador Don Felipe Tovar, lo designo
General en Jefe de sus ejércitos, posición que Páez usó
para ayudar a la caída de Tovar. En lo mas crudo de la guerra federalista,
los partidarios de Páez promovieron una rebelión y prendieron
al Presidente Gual, proclamando a Páez como jefe civil y militar de la
República, es decir, dictador. Contaba ya el héroe 71 años
de edad y fue juguete de las circunstancias y de los hombres que ambicionaban
las posiciones de poder. Páez trató entonces de restablecer la
concordia nacional, ofreciendo sinceras ofertas a los caudillos federalistas;
pero estos, seguros de su triunfo, cancelaron las negociaciones de paz y al
vencer definitivamente, en junio de 1863. Páez se vio obligado a abandonar
el país por segunda vez. Recorrió esta vez Sudamérica,
radicándose finalmente en Nueva York, donde murió. Sus restos
fueron trasladados a Caracas en 1883, en emocionante desfile que los condujo
al Panteón Nacional donde reposan.
Tomado de la Enciclopedia de Venezuela
de Editorial A. Bello S.A.
partidarios de Páez.