TRASCENDIENDO LA HISTORIA


Órgano informativo de la Sociedad Divulgadora de la Historia
Militar de Venezuela (Capitulo Puerto Cabello)
Nelson Vielma nos envía este interesante capitulo de nuestra historia, el mismo sirve de ilustración fiel de como se ha dirigido el país en diferentes épocas, lo publicaremos además en nuestro sitio de la Internet

 

 

Venezuela es mi hacienda (1ªparte)

 


Un buen día de mayo de 1899, desde Colombia, se inició un movimiento armado con la denominación de revolución, como muchos de los que devastaron por décadas a Venezuela después de la independencia. Esta vez el caudillo era Cipriano Castro y el motivo, la “Revolución Liberal Restauradora”, como el mismo bautizo su incursión al poder. Pretendía este nuevo caudillo, restituir la división política territorial de siete estados, en contra de la reforma constitucional, aupada por el presidente Ignacio Andrade, que implantaba los veinte estados de la constitución de 1864. Cipriano Castro, llego a Caracas el 22 de octubre de 1899. Los objetivos que prometía su gobierno eran muy tentadores, ya que eran el anhelo de la empobrecida, agobiada y atrasada Venezuela: la justicia, la libertad, la tolerancia política, la administración pulcra de los bienes del estado, el respeto a la propiedad, la práctica de los principios republicanos y el progreso general.
Un muy serio compadre y financista, Castro asumió el poder acompañado de su compadre Juan Vicente Gómez Chacón, quien al mismo tiempo financiaba su campaña política. Juan Vicente, salvo las peleas de gallos de los domingos, era enemigo de parrandas y festines. Cuando por cualquier victoria las tropas celebraban, él se mantenía incólume y moderadamente serio en su actitud, granjeándose así el respeto de todos los que le conocían.
Padre y patrón…
Juan Vicente, era un agricultor del Estado Táchira, que quedó huérfano muy joven y tuvo que hacerse cargo de la finca y de una familia compuesta de un nutrido grupo de hermanos, sobrinos, primos, allegados y peones. Juan Vicente ejercía la extraña dualidad de padre y patrón, que ordenaba sin miramientos sentimentales las labores de la finca, llevándola a prosperar más que ninguna en la región. Se cuenta que en la Mulera, como se llamaba su finca, a los que osaban hurtarle ganado o café le aplicaba su castigo preferido, izarlos por los testículos. Sin embargo la actitud seria y correcta del joven labriego, le gano la estima de los
terratenientes y mercaderes de Rubio, San Cristóbal y Cúcuta, especialmente comerciantes alemanes, raza admirada por este hombre que traería consecuencias nefastas a nuestro país.
Cipriano y su política…
La única persona que llamo su atención fue la mujer de un lugareño a quien prácticamente se la arrebato teniendo sus primeros hijos, hasta que apareció Cipriano Castro. Este hombre deslumbro a Juan Vicente con sus discursos y entonces el labriego comenzó a asistir a sus reuniones con más frecuencia, hasta que hicieron intimidad, convirtiéndose en lugarteniente y confidente del caudillo. Sin desatender sus negocios Juan Vicente, se involucró cada vez más en la política y comenzó a financiar primero a Cipriano y luego a su campaña militar. Cuando Cipriano Castro decidió aventurarse por el poder, Gómez dejo su finca y le acompaño, pero fueron derrotados por Joaquín Crespo y debieron exiliarse en Colombia. Sin embargo, Juan Vicente Gómez, gano prestigio y cuando comenzó la Revolución Liberal Restauradora, fue uno de los capitanes más influyentes.


Guapo y apoyado
En el gobierno de Cipriano Castro fue una pieza importante, su compadre lo designo gobernador del Distrito Federal en sustitución del general Julio Sarriá Hurtado, pero solo permaneció dos meses en el cargo ya que paso a administrar la frontera del Táchira, muy peligrosa para esa época por las invasiones que como la de ellos, constantemente salían de esa frontera, Gómez cumplió satisfactoriamente ese cometido y fue llamado a Caracas, para estar al lado del presidente y supervisar las operaciones militares, era tiempo de revueltas y conspiraciones. Juan Vicente ascendió a General, tranquilizando al gobierno con su presencia y sus acciones. Desbarató todas las conspiraciones y alzamientos contra el gobierno de su compadre y nunca dejo de cumplir sus mandatos, nunca habló más de la cuenta, nunca se involucró en las intrigas de los liberales, siempre espero su turno con resignación cuando su compadre lo desatendía. Pero sobre todo, sofocó cuantas rebeliones nacieron en contra del presidente.
Si la patria tiene un padre, entonces debe tener un compadre
El general Juan Vicente, amaba la vida del campo y aprovecha todo el tiempo de la presidencia de su compadre en comprar potreros, haciendas de café, casas en Caracas, ganados y caballos. En muy poco tiempo era uno de los hombres más ricos del país. Al comienzo del gobierno del General Cipriano Castro, a este campesino muy pocas personas le tomaban en cuenta, apenas se hacía notar, siempre callado, solo observaba a quienes poco a poco se convertían en el círculo íntimo del presidente, que apenas le saludaban. En esa época le endilgaron a sus espaldas el remoquete de “Capagatos”, por la costumbre de capar los gatos de su comadre Doña Zoila, la esposa del presidente. Sin embargo, en la medida que se va desarrollando la revolución castrista, comienza a hacerse notar por su forma silente de sofocar las revueltas en contra de su compadre.
El hombre del momento…
Sin embargo, los preparativos de la batalla de La Victoria contra la Revolución Libertadora, organizada y financiada, con el apoyo económico de la “New York and Bermúdez Company”, que congrego un ejército de 16.000 hombres, con el banquero Manuel Antonio Matos a la cabeza y secundada por diversos caudillos regionales, más la persecución de los rebeldes derrotados, catapulto su nombre por todo el país. Esta insurrección fue la empresa revolucionaria más poderosa desde los días de la Guerra Federal. Después de sesenta y cinco días de campaña, Gómez regreso a Caracas investido de gloria, fue un regreso apoteósico, por doquier había aclamaciones y arcos de triunfo.
El Capagatos primer vicepresidente
Ahora, Juan Vicente es el primer vicepresidente de la República de Venezuela, al sustituir al general Ramón Ayala. Su conducta se mantiene distante, el ascenso no lo cambia. Mantiene una sobriedad sobrecogedora y trata de no hacerse notar, pero ya los adulantes del círculo íntimo del presidente Castro, comienzan a sentirse incómodos ante este hombre, que si bien los respeta y no los molesta, mantiene una discreción avasalladora, nunca ríe y ante cualquier intención de entablar conversación, responde con monosílabos.

 

Los escándalos del Cabito…
Castro, llevaba una vida desordenada y licenciosa en la presidencia. El Restaurador era un hombre tomado por los sentidos. A partir de 1904, comenzó a extralimitarse, aparecía a las once de la mañana y su cara delataba la parranda de la noche anterior, despachaba un aproximado de dos horas y luego se sumergía nuevamente en los bacanales a los que era muy aficionado. Sus aduladores le llevaban niñitas que eran prácticamente compradas a sus padres y aleccionadas en prostíbulos para complacerlo, muchas veces eran entregadas al presidente en cajas de regalo. De esta manera comienza un periodo de decadencia gubernamental, que es solventada por la seriedad del primer vicepresidente.
Chiiito…, que en boca cerrada no entran moscas
En la medida que se apagaba la estrella de Cipriano Castro, por sus constantes escándalos, crecía y brillaba la de Juan Vicente Gómez, por su sobriedad. Su silente eficacia y su hoja de servicios apegada a las buenas costumbres. Pero lo más importante no abría la boca para desprestigiar a sus enemigos, ni para opinar negativamente en los difíciles problemas internacionales, que se agigantan por el ni para opinar negativamente en los difíciles problemas internacionales, que se agigantan por el efervescente nacionalismo de Castro en defensa de los intereses de la patria. Es por ello que los descontentos de Venezuela y fundamentalmente del extranjero, se acercaban más a Juan Vicente, para liberarse del peligroso y disoluto Cipriano Castro.
El preocupante Pacificador
El propio Castro, había denominado a Juan Vicente “El Pacificador de Venezuela”, sin embargo su retorno triunfal había hecho nacer la desconfianza de Castro, exacerbada por los chismes de su camarilla de aduladores, lo que hizo que el gobierno se dividiera entre castristas y gomecistas. Las intrigas de la camarilla que rodeaban a Castro son cada vez más graves. Castro anuncia su retiro temporal de la presidencia, buscando con esta maniobra comprobar si eran ciertas las noticias acerca de la conspiración de Gómez y medir su popularidad.
La Conjura de la camarilla del presidente
El retiro voluntario de Castro finalizo cuando delegaciones de todo el país se dirigieron a La Victoria, para pedirle que regresara. No obstante, al poco tiempo comenzaron a circular rumores acerca de quebrantos de su salud, comenzando los temores entre la camarilla castrista de que Gómez se convierta en su sucesor. Los círculos cercanos a Castro amenazaron la vida de Gómez, quien en múltiples ocasiones tuvo que cambiar su residencia a Maracay, alejado de toda actividad oficial. El restablecimiento de la salud de Castro significo el final de la “La Conjura”. Al enterarse Castro que sus ministros habían escogido a Francisco Linares Alcántara como su sucesor, margino a sus aduladores y Gómez recupero su completa confianza.
El Capagato toma el poder
Al poco tiempo de superado el episodio de “La Conjura”, la salud de Castro volvió a resentirse, por lo que se vio obligado a viajar a Berlín para someterse a una operación quirúrgica, asumiendo Gómez la presidencia. El viaje de Castro al exterior propicio un nuevo movimiento revolucionario por parte de los jefes del liberalismo amarillo y del nacionalismo en el destierro, quienes contaban una vez más con el apoyo de los Estados Unidos, Francia y Holanda, que ya habían roto relaciones diplomáticas con Venezuela.
Gómez, entonces organizo un golpe de estado y una vez derrocado Castro, concedió la libertad a los presos políticos e invito a quienes permanecían en el exilio a regresar al país. Restauro la libertad de prensa, pero se negó a disolver el Congreso y a convocar una Asamblea Nacional Constituyente, tal como lo reclamaba todo el país.

Juan Vicente Gómez

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